No rompas las normas

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En las últimas semanas, como casi todo el mundo conocido, he tenido que romper una de mis normas (no hablar con la familia lejana, más que por causa mayor) y codearme con esos parientes más o menos pesados a los que no te une nada más que un vínculo ínfimo y gracias a Dios muy, muy distante.

Como decía, en uno de esos futiles y agotadores encuentros el tipo en cuestión farfullaba algo relacionado con sus negocios (siempre tienen negocios), y visualizaba un prometedor futuro para sí, pleno de prebendas varias, cuando en un descuido por mi parte (yo bastante tenía con asentir de vez en cuando y pensar en algo más interesante como … no se … el ganchillo en la prehistoria) se quedó observándome y me dijo:

— ¿Y tú?

— ¿Yo? — ¿Yo qué? (Mientras intentaba descubrir en su cara alguna pista de lo que me había estado detallando la última media hora)

— Quiero decir si te va bien.

— Especifica bien — (Si, lo sé, aquí jugué sucio, pero añadir un verbo transitivo fue la única opción que se me ocurrió para ganar algo de tiempo extra)

Su mente hizo un esfuerzo visible por tratar de descifrar algún significado oculto en mi comentario, mientras me miraba entornando los ojos. Yo por mi parte giraba desesperadamente mi cabeza intentando descubrir una excusa pausible en menos de 5,4,3 …

— Quiero decir ….

Oh, joderrrr

— Si te da algo eso de escribir historias.

— Quiero decir —continuó el muy cretino— que no entiendo que te puede aportar algo así, ya sabes ni monetariamente (todos los años el animalico se aprende una palabra nueva y la suelta en cuanto puede) ni de ninguna … otra clase. (se le acabó el vocabulario)

Creo recordar que le miré fijamente y aguantándome las ganas de morderle la yugular, le di una respuesta anodina tipo «me gusta lo que hago y voy tirando». Y más educadamente de lo que la ocasión requería me fuí por otra copa.

No obstante, días después me he sorprendido pensando en la pregunta del cernícalo aquel. No con ánimo fustigador, pero si con una actitud reflexiva, la cual he de admitir, me ha fallado en los últimos tiempos.

Muchas veces nos vemos abocados por la realidad que nos toca vivir a elegir un camino. No digo que lo hagamos irreflexivamente, pero sí, superados muchas veces por las circunstancias. Además, como no nos gusta demasiado el futuro que aparece ante nosotros, casi siempre le endosamos las etiquetas tipo de manera eventual, mientras que o similar. Y, un día, te levantas, te miras al espejo y te das cuenta que lo eventual lleva camino de convertirse en para gran parte de tu vida.

Si lo que haces te llena, o por lo menos te gusta, probablemente no pase mucho, será una idea peregrina que viajó de lado a lado de tu cerebro sin horadar en el interior.

Si no es así … bueno, si no es así, todo va a estar terriblemente mal.

Llevo inventando historias gran parte de mi vida, y plasmándolas en papel para que otros «disfruten» con ellas, sólo unos pocos años. Nunca supe leer mi destino en las estrellas, ni guiar con paso firme mi nave hacia el puerto, tal vez, porque sólo había mar delante de mí, jamás vislumbré embarcadero alguno. La Caverna era todo mi mundo y así viví, entre sombras chinescas y algún zarpazo de realidad.

Ciertamente escribo porque es lo único que me gusta hacer.

Y punto.

Buenas noches y un saludo desde eninternet.org