Tenía que decirlo

Tenía que decirlo, no estoy feliz.

En general no suelo ser una persona que desprenda optimismo por ningún costado, pero en esta época en concreto siento como si me estuvieran drenando la poca chispa que quedara en mi interior.
Y no son los políticos (o si). Ni las lúcidas mentes que nos llevan al matadero (literalmente hablando) guiadas únicamente por su ineptitud. (o también)